Almas Amigas

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Historias

El Infiel

"Me llamo Pedro, y tengo 66 años. Estoy felizmente casado y tengo cuatro hijos y 6 nietos. Soy un hombre feliz, estoy jubilado y no tengo cargas familiares. Mi vida transcurre entre paseos y viajes, estar con mis nietos y comidas familiares. Mi jubilación es muy buena por lo que ahora nos dedicábamos a vivir mi mujer y yo como nos gustaba, viajando mucho. Conocimos Paris y Londres, Venecia y Roma, Grecia y Cancún,  ¿qué más se le puede pedir a la vida? Yo creía que nada más.

Recuerdo el día en el que abrí mi correo para leer los mensajes que me iban dejando mis amigos y mis nietos. Era una costumbre diaria, leer los correos. Me llegó un correo de alguien desconocido. Pero lo abrí igual. Lo leí y le contesté a esa persona que se había equivocado de remitente. Y ese fue el principio. Primero fueron los correos y después el facebook. Eran horas interminables de conversación en las queseamos sinceros, yo me lo pasaba muy bien. Me hacía muchas gracias hablar con una persona tan joven, María tenía 26 años. Había terminado su carrera y estaba buscando trabajo. Así se llamaba la persona que me mandó el correo y así era su vida. Comenzamos una amistad en la que nos reíamos mucho y lo pasábamos muy bien. Yo creo que rejuvenecí un montón de años, hasta que yo no comprendía que me pasaba porque quería estar todo el día conectado al ordenador al móvil con los casa, que por cierto, fue ella quién me enseñó todas estas nuevas tecnologías, y dicho sea de paso, se estaba convirtiendo en algo peligroso, porque esconder tantas horas y mensajes al móvil cada segundo se me empezó a hacer complicado de explicar. Decidimos dar el siguiente paso y quedar a tomar un café.  Recuerdo perfectamente esa primera vez que la vi....alta, morenaza, de piel oscura...era una mujer de rompe y rasga, allí por donde pasaba, se giraban todos los ojos. No me lo podía creer. Pero allí estaba yo, tomando un café con una cría de 26 años, casi como mis nietos. Y ese fue el comienzo de nuestra historia. Yo tengo que decir a mi favor, que soy atractivo, a pesar de mi edad, y que no aparento los años que tengo, aunque creo que a esta edad lo decimos todos...María y yo nos hicimos amantes y vivimos la historia de amor más bonita que puede vivir un hombre en su trayecto casi final.

Un día a la semana quedábamos siempre en el mismo hotel. Era tremendamente hermosa. Su piel era como la seda  y sus enormes piernas que parecían no tener fin...María me hizo perder la razón y me envolvió en momentos de pasión desenfrenada, nos besamos como hacía tiempo que yo no besaba, esos besos  ya olvidados y ahora recordados...dedicábamos horas a descubrir nuestros cuerpos y a besarlos con pasión. Ella descubrió lo que le pude enseñar, a mi edad, se sabe más por viejo que por zorro, y ella me enseñó la alegría de la juventud, los planes a medio hacer, las risas en la cama, las prisas a todas horas y por supuesto, me recordó de nuevo como se hace  el amor. Cuándo uno lleva tantos años casado con la misma persona, se vuelve todo mecánico, siempre es lo mismo, y con ella, descubrí nuevas emociones, nuevas vivencias, nuevas posturas...nuestra pasión no tenía límites, hacíamos el amor como dos animales enjaulados movidos por la orgia de la juventud de María. Me perdía en su cuerpo y me perdía en su boca, sin tener remordimientos, solo vivía ese momento, solo ella existía para mí. Jugamos a juegos prohibidos y a juegos permitidos, todo está permitido en las reglas del amor. A ella le encantaba bailar delante de mí, que la contemplara en todo su esplendor. Y a mí me enloquecía. Fueron unos meses en los que viví lo que nunca había vivido. El deseo en plena madurez. Mis canas la volvían loca y estar con un hombre maduro, decía que le daba cierto "cache" y morbo. Éramos perfectos.

Pero María pronto se cansó de mí...de mi piel opaca y arrugada, de mis verrugas y mis manchas en la piel, de mis cansancios cuándo ella quería más...Lo que en un principio le gustaba ahora la asqueaba. Mi madurez y mis canas pronto dejaron paso a miradas vacías y aburridas. Y....me dejó. Me dejó solo y desamparado. No pude volver a mi casa, había conocido el éxtasis en plena madurez y ahora el resto no tenía sentido. Perdí a mi mujer, a mis hijos, a mis nietos. Todos decían que era un viejo loco. Puede ser. Puede que sea así. Me enamoré de alguien mucho más joven que yo, quizás ella aún estaba creciendo y yo...decreciendo, y  perdí mi vida anterior, porque ahora vivo obsesionado con ella,  en completa soledad, añorando viejos días y recordándola. Para ella comencé a ser un viejo y para mí ella era cada día mi vitamina. Me volví loco de amor y de deseo y ahora vivo colgado en un universo que no existe, en un mundo de recuerdos y lágrimas donde añoro cada segundo y revivo cada instante diariamente. Mi vida no tiene sentido, lo dejé todo por ella y hoy vivo completamente perdido"


La Confesión




En la primavera de 1232, cerca de Aviñón, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el Conde. Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda.


—¿Por qué mentiste? —preguntó Giselle D’Orville—. ¿Por qué me llenas de vergüenza?

—Porque soy débil —repuso—. De este modo simplemente me cortarán la cabeza. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.

Manuel Peyrou


¿Para que volviste?

No supo nada de Santiago durante un año hasta que, un día, abrió su correo y había un mensaje de él que decía: Nostalgia. Su corazón empezó a palpitar con mayor intensidad, antes de abrirlo, y no pudo contener las lágrimas cuando terminó de leer aquellas palabras de añoranza de un amor que él mismo había mutilado.
Le contó que había culminado de leer un libro y se acordó de ella, de sus sueños juntos, de cuántas veces quiso buscarla, pero optó por ser prudente y refugiar sus deseos de volver a verla. Le repitió que siempre fue una compañera ideal y que la nostalgia lo embargó por eso quiso enviarle un beso, a través de ese correo.
Se secó las lágrimas, respiró profundamente, y pensó: ¿Le respondo o no? Lo hizo. Escribió que lo extrañó mucho y que aún lo pensaba antes de dormir porque olvidarse de él era un imposible, a pesar de sus intentos frustrados. Que siempre esperó una señal de él pero nunca llegó, hasta ahora, y finalizó el mail con un te quiero mucho.
Al otro día, Santiago le propuso salir y ella aceptó feliz. No pudo concentrarse en el trabajo imaginándo que volvería a abrazarlo, besarlo, tomarlo de la mano, acariciar sus cabellos y decirle que no se vaya nunca más de su lado porque, aún, lo amaba.
¿Qué se siente ver, después de un año, a quien fue el amor de tu vida?
Se encontraron en un parque de Miraflores que tiene vista al mar y que ha sido testigo del amor que ambos se profesaban hace unos años cuando se daban color a sus días y las dudas no existían, solo certezas de enrumbarse en un sendero pedregoso, quizá, pero un caminito de los dos que irían construyendo de a pocos.
Se saludaron con un beso en la mejilla y caminaron sin mirarse, muy seguido, a los ojos. Conversaron de miles de experiencias que les habían sucedido a ambos. Sonrieron de los anecdortas que recordaban, hasta que en un momento, él la tomó de la cintura y la besó. Deslizó su mano por la espalda de su antigua compañera y la aferró a sus brazos.
-Te he extrañado mucho, mi amor, le dijo ella.
-Yo, también, respondió Santiago, y le susurró al oído: vamos a mi casa, ¿ya?
Se hicieron el amor como nunca antes a pesar de los dos años de relación. Sus cuerpos encajaban maravillosamente y parecía uno solo en movimiento. El instante tenía una oleada de ternura y perfección, que ella deseaba que fuese eterno. Ella se recostó en los brazos de Santiago, y él la acurrucó con suaves cariños en la piel. La rosa que ella le había regalado en un cumpleaños aún descansaba en un florero en la mesa de noche.
Al amanecer, ella lo despertó con un beso en los labios. Tenía que apurarse porque trabajaba ese día muy temprano. Al salir de la casa y en medio de la bruma del alba, ella lo tomó de la mano pero él, torpemente, la soltó. Quiso llorar, pero se resistió. Había comprendido que fue un encuentro de una noche y nada más. Al despedirse esperó, aunquesea, una señal pero Santiago guardó silencio y solo le dio un frio beso en la mejilla.
Ese día, y al otro, no hubo llamadas, ni mensajes, solo una honda pena que parece no cesar, una herida que había cicatrizado y que volvió a sangrar. Había aprendido a vivir sin él y a cuestas, pero apareció de nuevo. ¿Para qué volviste, si ya empezaba a olvidarte?

Ana Briceño



Los Jazmines también perfuman la oscuridad

El calor la asfixiaba. Desde el patio le llegaba el aroma de los jazmines del país, penetrando y perfumando su piel. Se oía la estridente sinfonía que producía el croar de las ranas. Corrió suavemente la cortina de encaje; la negra Tomi, como Rosarito la llamaba, cruzaba su pesada silueta por entre las vasijas repletas de flores y esquivando diestramente el aljibe, hacía equilibrio con una gran fuente repleta de pasteles que tenuemente brillaban de almíbar «Seguramente los lleva para las habitaciones de la servidumbre, allí entre murmullos y suspicacias sobre la vida de los patrones, entre risas pícaras y bebiendo chocolate o tés de yuyos humeantes, vaciarían la bandeja, las muy diablas» ─ pensó la joven. 
La oscuridad iba cubriendo la ciudad, Rosarito apagó las velas del candelabro y con una amplia capa negra se tapó el primoroso camisón de blancas puntillas que cubría su juvenil cuerpo. Su pelo castaño quedó oculto bajo la capucha del abrigo. Salió sigilosa, la noche nublada presagiaba lluvia, nada le importaba, su ilustre Tata estaría charlando y bebiendo licores con sus amigos en la sala, dejando caer miradas lascivas sobre las caderas y pechos de las púberes esclavas. Su religiosa madre rezaría el rosario, arrodillada ante el altar que dispuso en su cuarto, rogando por la bendición de la virtud de su hija.
Se adentró por las calles barrosas, desoladas, apenas iluminadas. Sentía la libertad en su cuerpo y en su alma. Salía a sentir la vida. Los olores eran más fuertes lejos de las rejas y los muros de su poderosa familia. Las risas, el sonido de los tamboriles, reemplazaban a las tertulias de intrigas políticas que predominaban en su casa. Quedaban en otro espacio, distantes, el sonido de su piano, el aleteo de los abanicos de las damas que tapaban el rubor ante un comentario indiscreto, el rum-rum de las sedas y satenes, deslizándose por los baldosones.
Luego de andar unas cuadras, sintió unos pasos que se le aproximaban, su cuerpo se estremeció, creyó desfallecer y se apoyó contra un viejo portal. Los pasos se acercaban, luego el silencio. Todo era oscuro, pudo sentir el olor y la calidez de ese cuerpo tan deseado que a su vez quedó impregnado del perfume a jazmines de la joven. Las blancas puntillas resaltaban aún más entre las caricias de las oscuras manos de José. El torbellino sensual de los movimientos y las quedas palabras amorosas fueron aquietando la pasión, de manera sutil regresó el silencio, solo quedaba la débil vibración de las respiraciones entrecortadas.
El regreso fue escondido, ligero. La llovizna cómplice atenuaba el poco ruido que producían los pasos juveniles. Ya dentro de la casa, al pasar por la habitación de la negra Tomi, escuchó la música y las risas. No soportó dejar de compartir y sin dudarlo abrió la puerta y entró. Las negras transformaron sus caras de alegría en las de terror, Rosario les hizo un gesto de silencio con su dedo índice sobre su besada boca y un ademán como que sigan la fiesta y la fiesta siguió. La niña tomó un pastel almibarado y lo comenzó a saborear plácidamente, mientras Tomi le alcanzaba con sus morenas manos una taza de humeante té. Se miraron, Tomi le sonrió y Rosarito satisfecha de tanto placer observó que la negra tenía la misma sonrisa que su hijo José

Ana María Manceda


La Riqueza

Un día como cualquiera, un padre de una familia adinerada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito  que su hijo viera cuan pobre era la gente que vive en el campo.Estuvieron pasando todo el día y la noche en una granja de una familia campesina muy humilde.Al concluir el viaje, ya de regreso a casa, el padre le pregun­ta a su hijo:


Padre: ¿Qué te pareció el viaje?


Hijo: Muy bonito, papa


Padre: ¿Viste lo pobre que puede ser la gente?


Hijo: Si


Padre: ¿Y qué aprendiste?


Hijo: Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cinco. Nosotros tenemos una piscina larga hasta a la mi­tad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la muralla de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia, tú y mi mamá tienen que trabajar todo el día y casi nunca los veo.


Al terminar el relato, el padre se quedó mudo, y su hijo agregó:


Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos lle­gar a ser!!!

Autor desconocido



CARLA

 Un hermoso dia de verano en Islas griegas ves a la mas calida criatura que hayas visto jamas. Su nombre es Carla , y cada movimiento que ella hace te hace enloquecer. Te acercas donde está tu amigo Daniel , y le dices "¡caramba!, ese tiene que ser el mas escultural cuerpo que jamas he visto." De repente, ella mira en direccion a ti y empieza a caminar justo hacia donde estas tu!!! ella te dice, "Note que estabas justo al frente mio. Tenia que decirte que pienso que eres muy simpatico , y me preguntaba si te gustaria ir a Mallorca conmigo y navegar ?" Con una cara de idiota le dices "soy tu servidor para toda la vida " y os vais. Cuando finalmente llegais a Mallorca , ella se acerca a ti, y te da el mas grande y rico beso que jamas te hayan dado. Os estais besando muy apasionadamente, cuando sientes que unpiedra te golpea en la cabeza. Abres tu ojos y te das cuenta que todo fue un sueño, pero hay una pequeña nota al lado de tu cama... "Gracias por los momentos mas hermosos que pasé en mi vida... firmado: Carla"



El 15 de Octubre a esa hora...

La intensa llovizna no modificaba el lento andar de Beatriz, que como cada 15 de mes iba al lugar de siempre, a la hora de siempre, para ver a Hernán.
Ese 15 de octubre no era distinto a otros tantos días 15 que Beatriz esperaba con ilusión.
Hernán era su amor de la infancia, su amor de toda la vida y hacía 3 años y 2 meses que él le había propuesto verse los días 15 de cada mes, a pesar de su compromiso con Mariana.
Ella aceptó, antes que nada se conformaba con esa migaja de amor y el 15 de cada mes, a la misma hora, estaba en el lugar de siempre, con la simple esperanza de ser ella la única.
Las gotas de la llovizna resbalaban sobre el vidrio y como fiel reflejo, sus lágrimas comenzaban a descender por sus mejillas, es que Hernán siempre era muy puntual, aun no había llegado y la hora de siempre ya había pasado.
Entonces recordó y hurgó en su cartera, la que cada 15 la acompañaba, buscando un sobre que le había dado Hernán la última vez que se vieron y que él le había pedido que lo abriera cuando estuviera sola y que ella, suponiendo lo peor, no lo había abierto.
Rasgó el sobre con la parte de atrás de la cucharita de su café ya frío y sacó de adentro un tarjetón blanco, con letras doradas, muy simple y muy terrible para el corazón de Beatriz...
...Con sus ojos nublados por las lágrimas leyó... Mariana y Hernán invitan a la ceremonia de su casamiento.... el 15 de Octubre, a esa hora...

Marcó de Zosur 


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